Una pequeña historia…

Un rey solía ir cada noche a la ciudad para dar una vuelta a ver cómo iban las cosas. Por supuesto, iba disfrazado. Sintió curiosidad por un hombre joven y muy hermoso, que siempre estaba en pie bajo un árbol, a un lado de la calle, el mismo árbol todas las noches. Finalmente, lo venció la curiosidad, el rey detuvo su caballo y le preguntó al hombre:

–¿Por qué no te vas a dormir?

El hombre respondió:

–La gente a dormir porque no tiene nada que guardar, y yo tengo tantos tesoros que no puedo ir a dormir, los tengo que vigilar.

El rey le dijo:

–¡Qué raro!, no veo ningún tesoro.

El hombre le dijo:

–Esos tesoros están en mi interior, no los puedes ver.

El rey convirtió en una rutina detenerse allí todos los días, porque el hombre era bello, y todo lo que decía, lo hacía quedarse pensando durante horas. El rey se apegó tanto a este hombre, se interesó tanto por él, que empezó a creer que era realmente un santo, porque los tesoros que, de verdad, guardaba eran la conciencia, el amor, la paz, el silencio, la meditación y la iluminación; no puede dormir, no puede permitirse dormir. Sólo los mendigos pueden permitírselo…

La historia había comenzado sólo por curiosidad, pero, poco a poco, el rey comenzó a respetar y a honrar al hombre casi como a un guía espiritual. Un día le dijo:

–Sé que no vendrás conmigo al palacio, pero pienso en ti todos los días . Vienes tantas veces a mi mente que me gustaría que fueras mi huésped en mi palacio.

El rey estaba pensando que no accedería –tenía la antigua idea de que los santo renuncia al mundo–, pero el joven le dijo:

–Si me echas tanto de menos, ¿por qué no me lo habías dicho antes? Trae otro caballo, y te acompañaré.

El rey comenzó a sospechar: “¿Qué clase de santo es éste, que está tan dispuesto?”. Pero ya era demasiado tarde, ya lo había invitado. Le dio la mejor habitación en el palacio, que estaba reservada sólo a los huéspedes excepcionales, emperadores. Y pensó que el hombre la rechazaría, que diría: “soy un santo, no puedo vivir en este lujo”. Pero no dijo nada de esto, Él dijo: “Muy bien”.

El rey no pudo dormir en toda la noche, y pensó: “Este tipo me ha engañado: no es un santo ni nada de eso”. Dos o tres veces fue a mirar por la ventana; el santo estaba dormido. Y nunca había estado dormido, estaba de pie debajo del árbol. Ahora no estaba vigilando. El rey pensó: “He sido engañado. Éste es un auténtico estafador”.

El segundo día comió con el rey –deliciosos manjares, sin austeridad–, y disfrutó de la comida. El rey le ofreció nuevas ropas, dignas de un emperador, y le gustaron. Y el rey pensó: “Ahora, ¿cómo me libro de este tipo?”. En sólo siete días el rey se cansó, pensaba: “Éste es un charlatán, me ha engañado”.

El séptimo día le dijo a aquel extraño tipo:

–Te quiero hacer una pregunta.

Y el extraño le respondió:

–Conozco tu pregunta. Querías haberla hecho hace siete días, pero sólo por cortesía, por educación, la reprimiste; te he estado observando. Pero no te contestaré aquí. Puedes hacerme la pregunta, y luego nos iremos a dar un largo paseo a caballo, y elegiré el lugar correcto para contestarte.

El rey dijo:

–De acuerdo. Mi pregunta es: ¿cuál es la diferencia ahora entre tú y yo? Estás viviendo como un emperador, pero solías ser un santo. Ahora ya no eres un santo.

El hombre dijo:

–¡Prepara los caballos!

Salieron, y el rey le recordó muchas veces:

–¿Hasta dónde vamos a ir? Respóndeme.

Finalmente alcanzaron un río que era la línea fronteriza de su imperio. El rey dijo:

–Ya hemos llegado hasta mi frontera. Al otro lado está el reino de otra persona. Éste es un buen lugar para responder.

Él le dijo:

–Si, me voy. Puedes llevarte los dos caballos o, si quieres puedes venir conmigo.

El rey dijo:

–¿A dónde vamos?

El santo dijo:

–Mi tesoro está conmigo. Vaya donde vaya, mi tesoro estará conmigo. ¿Vienes conmigo o no?

El rey dijo:

–¿Cómo voy a ir contigo? Mi reino, mi palacio, todo el trabajo de mi vida está detrás de mi.

El extraño se echó a reír y le dijo:

 

–¿Ves ahora la diferencia? Yo puedo estar. 

FIN

¿Cuánto tiempo te ha tomado leer esta historia aproximadamente?

 

Es lo que has tardado en desconectar del ritmo trepidante de la mente.

 

Y…¿cómo te sientes?.

 

La primera vez que la leí, me impactó por su sencillez y su mensaje. Es cierto, una puede estar en cualquier lugar, en cualquier situación, sabiendo que los “tesoros” o el conocimiento de una misma es lo que al fin y al cabo nos acompaña hasta el final.

 

En este momento de mi vida mis “tesoros” son:

 

-Tranquilidad

-Calidad del tiempo

-Disfrute en compañía y en soledad

-Recibir atención y cuidado

-Dedicarme tiempo para mí misma

 

Y los tuyos… ¿coinciden con alguno de los míos?

 

Estoy segura de que en alguno estamos de acuerdo.

 

¿En cuál de ellos?

 

¿En todos?

 

Guauuu…¡¡¡¡ qué casualidad!!!

 

El tiempo que has usado en leer la historia es el mismo en el que puedes decidir qué hacer para conectar con alguno de tus tesoros.

 

En este momento también podrías decidir que quieres dedicarte una momento del día para ti sola, para recibir atención y dejar de hacer para los demás y abrirte a una experiencia de absoluta tranquilidad y relajación, que siempre nos viene bien, ¿no crees?

 

Y es tan fácil como enviar un whatsapp y reservar una cita para tu MASAJE RELAJANTE en el que te sentirás como una reina. Cuando te venga mejor, sin prisas, sin presiones…

 

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¿Cuándo quieres sentirte como una reina?

 

 

¿Estás dispuesta a dedicarte una hora para ti? ¿O se lo quieres regalar a esa persona que estás viendo que lo necesita?

 

Ahora es el momento…

 

 

 

PUEDES HACERLO 

 

 

 

¿Quieres sentirlo?

 

Feliz día,

Rocío Villalba

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